El título de este escrito, aunque lo parezca, no se
refiere a alguna película o serie de alienígenas (¿vieron falling skies?), sino al impacto que está produciendo la mas
reciente modalidad de educación en
línea, los llamados Massive Open Online
Courses. La inscripción en estos
cursos es gratuita y abierta a quien lo desee y sus participantes se cuentan por miles. Recientemente me inscribí
en un curso de este tipo y tengo ¡41,000 compañeros de clase¡.
La historia de los MOOCs es reciente. En 2008, pedagogos canadienses asociados a la corriente
conectivista, como George
Siemens y Stephen Downes, ofrecieron un
curso de este tipo, el ya celebre CCK08, tratando
de explotar la potencialidad de las
redes y la interacción social para el aprendizaje. Se ha identificado esta vertiente cómo
cMOOCs. En 2012 aparece una nueva modalidad, conocida como xMOOC, con
enfoque pedagógico más tradicional, encabezado por empresas como Coursera y Udacity, que son “spin-offs” de la Universidad de Stanford. A esta oferta se suma Edx, inicialmente formada por Harvard , MIT y UC Berkeley.
La aparición de los xMOOCs ha llamado poderosamente la
atención de medios de comunicación, como el New York Times, y de la comunidad académica. El hecho que universidades élite y tradicionalmente
presenciales, como Harvard, hayan decidido involucrarse en educación en línea
es un signo del impacto de esta modalidad. La
dirección que tomen los MOOCs aún está por definirse, pero no cabe duda que su
aparición marca un antes y después, una frontera en educación. Entre los
directivos de universidades, especialmente en Estados Unidos, existe la percepción
de que deben subirse al tren de la educación en línea, y quien no lo haga esta
arriesgando el futuro de sus instituciones y el personal. El Presidente de la Universidad de Virginia casi pierde
su trabajo debido a que su Consejo pensó
que no se estaba moviendo suficientemente rápido en el ambiente en línea.
Google ya olfateó la
potencialidad de los MOOCs y prepara el lanzamiento de su propia plataforma, Course Builder.
Pero, ¿cuáles son los efectos de esta nueva forma de educación en línea, los MOOCs?. Todavía es temprano para calibrar su impacto, pero ya pueden
percibirse algunas tendencias.
En su reporte “The MOOC model for
digital practice”, los teóricos
constructivistas George Siemens y David Cormier, entre otros, señalan que los
MOOCs, debido a que son gratuitos y abiertos, hacen que la educación superior
sea más ampliamente disponible, facilitando el desarrollo
de un rango de potencial humano anteriormente excluido por la geografía,
el tiempo o el acceso a modos convencionales de aprendizaje (p. 44).
Tal como se señala en el párrafo anterior, los MOOCs hacen
posible acceder al conocimiento generado en las universidades élite,
en forma gratuita. Estamos ante una innovación
que tiende a hacer del nuestro un mundo cada vez más plano, en términos del concepto de Thomas Friedman. Una anécdota
ilustra este punto. Sir John Daniel, en su articulo “Making
Sense of MOOCs” hace referencia a un curso del MIT, el 6.002x, Circuits & Electronics, que tuvo 155,000
participantes. De ellos, 7,157 completaron el curso y 340 tuvieron una calificación
perfecta en el examen final. Uno de ellos fue un joven de Mongolia, de 15 años, que esta ahora aplicando para ingresar a MIT y UC Berkeley.
Siemens y Cormier dicen también que el modelo abierto de participación
desafía las nociones tradicionales de cómo se crea valor en el sistema
educativo. Hoy, cualquier cosa que pueda
ser fácilmente duplicada no puede servir como fundamento de valor económico. En lugar de producir entidades
con conocimiento conocido y aprobado, el modelo de la economía digital hace uso
de la capacidad de sus ciudadanos para
conectarse, innovar y reconfigurar lo conocido en nuevo conocimiento. Colaboración
y creatividad son requerimientos de esta nueva era digital. En este sentido, las
oportunidades para los MOOCs en la economía digital se centran alrededor del
potencial para la innovación y la creatividad que ocurren en la negociación del
conocimiento (p. 43).
Los MOOCs y la educación
en línea apuntan también hacia la reestructuración del sistema de educación
superior en Estados Unidos. Los costos de la educación superior están en una espiral
ascendente, con un crecimiento del 360% arriba de la inflación desde 1986. La utilización de educación en línea es una de las formas en
las que se pretende bajar este costo y ampliar el acceso a la educacion superior
(al respecto, consulte www.academicpartnership.com)
Finalmente, pero no de menor importancia, la educación en línea
y los MOOCs están provocando un rediseño de los modelos educativos y de la industria de la educación superior. Tal como señala Clayton Christensen, el modelo en línea representa una innovación disruptiva en educación superior.
En el pasado, la enseñanza se basaba en la noción de un
profesor que desarrollaba contenido, establecía la didáctica y realizaba
presencialmente la clase. Con la educación en línea, esto no ocurre más. La educación en línea separa
contenido de la clase propiamente dicha.
De esta forma, la educación se modulariza o, para decirlo en lenguaje económico,
se convierte en una “commodity”. Esto
significa que ya es posible adquirir contenido educativo y no necesariamente desarrollarlo
en forma casera, en la institución. Ya algunas universidades, como la de Colorado, y algunos colegios comunitarios, están aceptando créditos de
cursos MOOCs.
Thomas Friedman, en un reciente articulo en el New York
Times, “Revolution
hits the universities”, lo pone de esta forma: “Puedo ver pronto un día en
el que puedas crear tu propio grado universitario al tomar los mejores cursos
en línea de los mejores profesores alrededor del mundo –-algo de computación de
Stanford, algo de emprendimiento de Wharton, algo de Ética de Brandeis, algo de
literatura de Edinburg-- pagando solamente una
cuota nominal por los certificados de terminación. Esto cambiara la enseñanza,
el aprendizaje y el camino para el empleo”.